Este es el espacio del “respeto”, su uso no era diario como el del comedor, si no que determinado por la presencia de visitantes a la casa o por la celebración de algún día notable.
Mobiliario y objetos de decoración
En la Casa Museo Valle-Inclán podemos encontrar una muestra de mobiliario tradicional gallego, que refleja el modo de vivir de la época.
En el despacho se recrea un mundo novelesco con un juego de escribanía, el cual Valle pudo haberle dado uso a ese tintero.
En este espacio de la casa se reúnen literatura, economía y ocio.
Cabe destacar una colección de pipas que reflejan la calidad y originalidad de la ebanistería típica de la época.
Una de las joyas de la Casa Museo es su colección de relojes del siglo XIX: relojes españoles de estilo francés, relojes de estilo románico, reloj Moretz de pared, relojes de guarnición...
Si nos fijamos al margen derecho del salón principal; nos encontramos con un pequeño rincón que fue muy importante también en la historia e infancia de Valle-Inclán.
En este rincón donde vemos la “hiladora”; se sentaba Valle Inclán de niño asomado por la ventana mientras Micaela (la criada); le contaba historias de duendes, fantasmas, aparecidos...al pequeño Ramón a la vez que hilaba.
Tenía mi abuela una doncella muy vieja que se llamaba Micaela la Galana. Murió siendo yo todavía muy niño. Recuerdo que pasaba las horas hilando en el hueco de una ventana y que sabía muchas historias de santos, de almas en pena, de duendes y de ladrones. Ahora yo cuento las que ella me contaba, mientras sus dedos arrugados daban vueltas al huso. Aquellas historias de un misterio candoroso y trágico, me asustaron de noche durante los años de mi infancia y por eso no las he olvidado. De tiempo en tiempo todavía se levantan en mi memoria, y como si un viento silencioso y frio pasase sobre ellas, tienen el largo murmuro de las hojas secas. ¡El murmullo de un viejo jardín abandonado!
Jardín umbrío.
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Los espacios del museo:
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Recepción y sala de exposiciones