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El universo monástico de Athos llega al Museo de las Peregrinaciones y de Santiago

Cartel de la exposición

La nueva exposición del Museo de las Peregrinaciones y de Santiago se acerca al universo monástico del monte Athos de la mano del fotógrafo Fernando Moleres. Agion Oron. Peregrinación al monte Athos es el título de este nuevo proyecto expositivo, que fue inaugurado esta tarde en el centro museístico de la Consellería de Cultura y Educación.

“Abrimos hoy las puertas de un proyecto para el descubrimiento a través de la mirada de Moleres, que nos conecta con un espacio de valor excepcional, tanto natural cómo cultural, reconocido por la Unesco como Bien Patrimonio de la Humanidad”, aseguró el secretario general de Cultura, Anxo Lorenzo, que participó en el acto de inauguración junto con Fernando Moleres, el director del museo, Bieito Outeiriño; el secretario general técnico de la Consellería, Jesús Oitavén; y la directora-gerente de la Fundación Cidade da Cultura, Ana Isabel Vázquez.

Una de las peregrinaciones más singulares

“A partir de trozos de la realidad cotidiana del monte Athos –precisó Anxo Lorenzo–, el artista nos transmite el pulso, el sentimiento y la espiritualidad de la vida monástica del lugar, y de una de las peregrinaciones más singulares del planeta”.

Moleres documentó con su cámara trozos de la realidad cotidiana del Montes Athos: el escenario y las personas, y también el sentimiento y la espiritualidad. En sus sucesivos viajes capturó multitud de imágenes que dan forma a un proyecto sobre la vida monástica conformado por 36 fotografías. En ellas se muestran aspectos de la riqueza patrimonial, paisajística y cultural del territorio en el que se asienta el mayor número de construcciones religiosas y a donde acude el peregrino atraído por el gran número de santuarios, reliquias y objetos sagrados que se esconden en los tesoros de los monasterios y que son venerados por los monjes y por los fieles que peregrinan.

Agion Oros (Santa Montaña) es el nombre del estado teocrático constituido por los 20 monasterios ortodoxos que ocupan la península conocida como monte Athos. Según explicó el secretario general, “el museo los acercan la este enclave singular dentro de su programa expositivo Peregrinaciones en el mundo, que desde hay cerca de 20 años lleva mostradas multitud de formas diversas que adquiere el fenómeno de las peregrinaciones en las distintas culturas a lo largo de todo el mundo”.

El territorio con mayor concentración de monasterios

Las especiales condiciones orográficas y de aislamiento hicieron del monte Athos un lugar buscado por los monjes deseosos de una vida de renuncia y oración y, de hecho, lo convirtieron en el territorio con la mayor concentración de monasterios y en el principal referente del monacato ortodoxo. El acceso al lugar, en el que sólo pueden residir monjes, precisa de una autorización previa y al día sólo entran en la península 120 personas, a las que no se les permite pasar más de cuatro días en el territorio. Las mujeres han prohibido el acceso desde el siglo XI.

En el año 963, se fundó el primero de los cenobios: Grano Lavra. El apoyo del Imperio Bizantino favoreció la proliferación de múltiples asentamientos monásticos y propició la concentración de reliquias y objetos de culto y devocionales. En el siglo XVI, había unas 40 fundaciones monásticas con unos 40.000 monjes. En la actualidad, son 20 los monasterios autónomos y los monjes no llegan a 2.000.

Las importantes y abundantes reliquias que aún hoy se conservan atrajeron y atraen peregrinos, sobre todo para asistir y participar en las celebraciones litúrgicas que tienen lugar en las festividades más destacables del calendario ortodoxo. Hoy los peregrinos acuden, además de atraídos por el culto a las reliquias, por los deseos de introducirse en un espacio singular en el que el tiempo parece detenido. Se lleva a cabo una peregrinación especial que, lejos de las masivas concentraciones que caracterizan la mayor parte de estos eventos, se desarrolla en un espacio abarcable y doméstico para el peregrino y que cuenta con un fuerte enraizamento en el sentir religioso ortodoxo.

Fernando Moleres

La afición por la fotografía de Fernando Moleres (Bilbao, 1963) nace a raíz del viaje que realiza en 1987 a Nicaragua. Allí toma conciencia de la importancia de la imagen fotográfica para documentar lo que está pasando y comienza un período autodidacta que lo marcará como fotógrafo del social. El viaje a Sudáfrica en 1990 le servirá para introducirse en el fotoperiodismo. Allí se da de bruces con la explotación laboral infantil. El proyecto Children at Work lo llevó por una treintena de países a lo largo de cuatro años y le valió varias bolsas internacionales y un World Press Photo.

En 1991 viaja a Kurdistán para realizar un reportaje sobre el problema de los refugiados y al año siguiente, sobre ese mismo tema, viajará al Sáhara. Da comienzo entonces la una serie de reportajes con un gran peso social y reivindicativo entre los que se pueden destacar los dedicados a la explotación laboral infantil, el retorno de los refugiados a Ruanda, las mujeres trabajadoras, la vida monástica o sobre los menores encarcelados en Serra Leona. Después de este reportaje crea un programa de ayuda a la reinserción de los menores a través de la educación. Su último proyecto largo fue el Melting Landscapes donde afronta el problema del calentamiento global en el Ártico.

Moleres ha recibido numerosísimos premios en el panorama fotográfico nacional e internacional. Sus fotografías aparecen recogidas en algunas de las más importantes publicaciones y la sus exposiciones tienen recorrido numerosos países. En el año 2002, este museo organizó la exposición Peregrinación a la Jerusalén negra, alrededor de la peregrinación que los cristianos ortodoxos coptos realizan a Lalibela (Etiopía).