Invitadas: dos miradas de Zuloaga Ambos retratos son ejemplo de su amplio labor como retratista, en el que confluyen tendencias de las vanguardias parisienses con evocaciones de la retratística de Velázquez o Goya.
El Museo de Bellas Artes de A Coruña organiza la muestra Invitadas: dos miradas de Zuloaga, en colaboración con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Con ella se abre un nuevo ciclo de exposiciones de pequeño formato con el que conocer obras procedentes de otros museos y colecciones españolas.
Esta muestra tiene como objetivo presentar al público dos obras que pertenecen a la colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Las piezas Retrato de la señora Malinowska, la Rusa (París, 1912) y Antonia la gallega (París, 1912), de Ignacio Zuloaga (1870-1945), son ejemplos de su amplia labor como retratista, en la que confluyen tendencias de las vanguardias parisinas con evocaciones de la retratística de Velázquez o Goya.
Se trata de dos retratos femeninos que nos ofrecen dos visiones diferentes en la manera de concebir la imagen femenina por parte de Zuloaga. Asimismo, la elección de estas obras responde a su vinculación de alguna forma con Galicia, ya sea por cuestiones vitales, como es el caso de Malinowska, como por los motivos representativos o simbólicos, implícitos en el apelativo de la bailaora.
Contenido de la exposición
Las dos obras seleccionadas se exponen en la sala 5 de la exposición permanente del Museo de Bellas Artes, que acoge la pintura gallega del siglo XIX y primera década del siglo XX.
Estos dos retratos femeninos permiten reforzar aspectos representados en esta sala:
Por un lado, amplían el conocimiento de mujeres pintoras: Victoria Malinowska fue una pintora rusa, residente en París, que participó en España en varias exposiciones, siendo dos de ellas realizadas en Vigo en los años 1920 y 1921.
También muestra las diferentes visiones conceptuales y estilísticas que se tenían de la imagen de la mujer en los inicios del siglo XX. La de la gitana, Antonia, la gallega como personaje étnico que el romanticismo y los extranjeros habían codificado en clave de libertad, marginal y éxotica propia de las tendencias simbolistas de la época, o la imagen de la mujer intelectual, libre y autónoma de Victoria Malinowska, con la que Zuloaga se distancia del concepto de pintura identitaria propia de su estilo más reconocido y la representa sin artificios.
Por último, el ámbito generacional de Zuloaga permite relacionarlo con pintores gallegos cuyas interpretaciones y caracterizaciones de lo femenino acompañan la exhibición de las dos obras invitadas. Entre ellos, Juan Luis López y Xesús Corredoyra, que mantuvieron contactos con Zuloaga en sus etapas de formación en Madrid, y será especialmente Corredoyra quien presente en su obra retratística una cercana vinculación con la estética de Zuloaga, como sucede en el caso del magnífico retrato de Doña Matilde Rodríguez Pastor (1916).